lunes, 19 de mayo de 2008

Papito... ¡cumplí!


Mendoza, Argentina. Sábado 17 de mayo 2008. La tarde tiene un aroma amarillo, de hojas secas y acequias breves. Cuatro olorosos y desgreñados ciclistas van pedaleando hacia el interior de la Plaza de la Independencia, en el corazón de la ciudad. En medio del desacampado, sobre la grama que se extiende en torno a un monumento difuso, descorchan un champagne y lo baten para empaparse con el líquido. Se abrazan y ríen. Levantan sus manos al cielo, como agradeciendo o simplemente disfrutando. A su alrededor, la inquieta ciudad los ignora apaciblemente.

Casi no se puede entender cómo y cuándo lo planeado por tanto tiempo y soñado por tanto más haya sido cumplido finalmente. Aquí estamos, viviendo este triunfo, pero todo nos resulta todavía incomprensible. Se nos vino Mendoza encima y con ello se nos disuelve el sueño, se nos acaba la época, se nos cambia el mundo. Quizá sea necesario un poco de tiempo para que este viaje tome verdadero peso en nuestros corazones, para que nos demos veradera cuenta de todo lo que esto ha significado y sintamos la marca indeleble que nos hará pensar, en el diario trajín de nuestras vidas, en un antes y un después de Sudamérica a pedal.

¡Qué dulce y qué ambigua la sensación que vamos cargando al pasear por esta ciudad de árboles!

No hay mucho por decir de los dos últimos días que nos condujeron hasta este destino fijo en nuestros horizontes desde hace más de cuatro meses. La extensa llanura árida y casi vacía que conecta a San Juan con Mendoza nos permitió venir casi volando. En la mitad del camino, junto a un pequeño puesto policial que controla el tráfico de la frontera entre las dos provincias, una última familia -¡de las tantas y tantas que nos han abierto sus puertas en este tiempo!- nos permitió pasar la noche en un cuarto de su pequeño hogar.

La magna cordillera de los Andes, siempre presente a lo largo de nuestro periplo, nos dejó ver algo de su majestuosidad en los últimos kilómetros. A ella parecía no asombrarle lo que a nosotros nos hacía pedalear silenciosos y con un nudo en el pecho.

Los cuatro que llegamos:

Charlie Pérez. La alegre tumbadora y despilfarradora de dinero sin la cual el grupo se hubiese desarmado hace rato.

Copitas Coral. El tigre de los llanos que más se acercó al perfil completo del verdadero kamikaze latino.

Trinity Vallejo. La dama de hierro para quien rendirse no es una opción.

Guabas Landázuri. Siempre despeinado y sucio, este tipo nunca se baja de la camioneta.

El caudal de sentimientos difíciles de comprender no permite que este post se alargue mucho. Pero tampoco será el último. En Mendoza se acaba oficialmente nuestro proyecto, pero ya mañana continuamos nuevamente hacia las alturas de la desafiante cordillera para realizar el paso hacia Santiago de Chile y luego seguir pedaleando hacia el sur. Que ese último capricho sea un buen colofón para tan intenso viaje.

4 países visitados.
126 días de viaje.
83 jornadas de pedaleo.
6.896 kilómetros en bici.

Mendoza, Argentina, lunes 19 de mayo 2008